Cinco Minutos Con El Cura Brochero

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Cinco Minutos Con El Cura Brochero

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DESCRIPCIÓN DEL LIBRO

Autor: Amigos y devotos de Brochero: Cura y Gaucho

Cinco minutos con el Cura Brochero es un texto elaborado por una asociación de amigos y devotos, en el contexto de la canonización del conocido párroco de Traslasierra (Córdoba, Argentina). La propuesta reúne pequeñas reflexiones para cada día del año que están basadas en cartas, sermones, pláticas y diversos testimonios orales y escritos. En ellas se reconoce la labor del cura Brochero en la evangelización de los pueblos de Traslasierra: desde el anuncio de la palabra, el dictado de ejercicios espirituales, hasta la promoción humana y técnica encarnada en la inauguración de colegios, comisiones de fomento y la mediación ante las autoridades para llevar el ferrocarril a las localidades de la zona. Para estas gestiones, el santo cura tuvo que entrevistarse o escribirse con figuras de la alta política de la época, entre ellos, presidentes, gobernadores y diputados argentinos. Incluso en esas misivas, se nota el trato sencillo y campechano que distinguen al sacerdote, así como su personalidad voluntariosa y dinámica. Al final de su vida, la enfermedad y la ceguera no lograron mermar su obra y la vida de unión con Cristo se hace notar especialmente en las últimas reflexiones del libro, donde la actividad física disminuye al mismo tiempo que la espiritual se enriquece. Con todo, la lectura de este libro promete acercar al cristiano a la figura del cura gaucho a través de sus propias palabras y expresiones.


José Gabriel del Rosario Brochero, popularmente llamado el Cura Gaucho, nació en Villa Santa Rosa (Córdoba, Argentina), en 1840. En 1866 se ordenó sacerdote y desempeñó su ministerio sacerdotal en la catedral de Córdoba. Años después, fue elegido vicario del departamento San Alberto -conocido hoy como el valle de Traslasierra- con sede en la localidad de Villa del Tránsito. Allí asumió como propias las necesidades de la gente. Con sus manos construyó iglesias y capillas, levantó escuelas y abrió caminos entre las montañas, animando a los pobladores a acompañarlo. En su vejez, como resultado de convivir con enfermos, se contagió de lepra. Por esa razón quedó sordo y ciego, hasta que murió en 1914 en la misma localidad donde ejerció con tanto ardor su ministerio. En septiembre de 2013 fue proclamado beato y en enero de 2016 el papa Francisco aprobó su canonización.